Lección Progreso
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Las consecuencias más comunes que afectan directamente la calidad de vida de las personas tienen relación con el agotamiento físico, ya que es importante dormir bien para tener energía durante el día, que nos permita desarrollar nuestra actividad diaria. El problema de la falta de sueño es que afecta directamente en el rendimiento físico ya que el cuerpo necesita un mínimo de horas de descanso. Por la noche se produce el proceso de regeneración de tejidos, tanto cerebral como físicos. Si no se produce un descanso, no hay una recuperación correcta y eso afecta directamente al rendimiento, tanto físico como intelectual.

Y esto nos lleva a una segunda consecuencia: estrés y salud mental afectada. Dormir poco está relacionado con una gran variedad de trastornos físicos, mentales y del comportamiento. La salud mental es una cuestión particular y es, en cierto modo, un círculo vicioso: si tienes problemas mentales, duermes poco, y viceversa. Y te sientes cada vez peor.

Se considera “vital” pedir ayuda psicológica en estos casos o en casos de insomnio, para comenzar tratamientos con medicamentos específicos o con terapia de conducta, que ha demostrado ser altamente eficaz. Según el Instituto de Medicina del Sueño, una organización española que investiga los trastornos del sueño, la falta de sueño está ligada a la depresión, la ansiedad y los problemas psicológicos. Y en cambio, dormir bien por la noche puede mejorar tu estado de ánimo, tu actitud y tu temperamento.

Otra consecuencia de la falta de sueño se vincula a la obesidad y diabetes. Cuando dormimos menos horas de las debidas, se produce un aumento de todas las hormonas que aumentan la sensación de hambre y la apetencia por alimentos ricos en grasas y azúcares. Una sola hora de diferencia en la duración del sueño, es capaz, por sí sola de poner en marcha mecanismos que nos ayudarán a mantener nuestro peso. Entre ellos, cabe destacar el papel de dos hormonas relacionadas con el apetito y que se modifican con las horas de sueño como son la leptina, que inhibe la sensación de hambre, y la grelina, que estimula el apetito. 

Cuanto menos horas de sueño, hay menor concentración de leptina y aumenta la grelina dando como resultado que cuanto menos dormimos, más ganas de comer tenemos. Es por esto que, si dormimos al menos 8 horas diarias tendremos más posibilidades de mantener un peso adecuado y combatir la obesidad.

Entonces, la falta de sueño ¿tiene alguna consecuencia directa en nuestra salud y el riesgo de contraer alguna enfermedad?

¡Claro que sí! Una de ellas es que eleva el riesgo de padecer diabetes. Varios estudios señalan que al dormir mal o poco generamos mayor resistencia a la insulina. Esto le dificulta a nuestro organismo regular el azúcar y eleva el riesgo de sufrir diabetes, una enfermedad que puede derivar en la muerte si no se atiende a tiempo.

Otra consecuencia a nuestra salud es que puede generar riesgo de padecer Hipertensión o sufrir accidentes cardíacos. Sin un sueño reparador, el cuerpo eleva la producción de hormonas relacionadas con el estrés. Además de aumentar el cansancio y los niveles de tensión, esto determina un incremento de la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo de padecer un ataque cardíaco y otros episodios cardiovasculares.

Además, produce riesgo de pérdida de memoria. El cansancio le impide al cerebro procesar bien la información que acumula durante el día. Cuando no dormimos bien, se nos olvidan las cosas y nos cuesta trabajo concentrarnos, esto ocurre porque el sueño interrumpido está asociado con la acumulación de placas amiloides, un signo característico de enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer.

¡SÍ! Dormir poco produce riesgo de tener Alzheimer. Veamos más en profundidad.